Ella

Llegó a la playa el mensaje,
metido en una botella,
tembló mi labio al leerlo,
trataba viejas querellas.

Un glacial escalofrío,
surcó como una centella,
la noche oscura y mi espalda,
como una fugaz estrella.

Me partía el corazón
mi venerada doncella,
quien me juró amor eterno,
la que me amaba…, ¡sí aquella!

Sobre el blanco del papel,
solo quedaron las huellas
de sus palabras hirientes,
de un carmín color grosella.

Ponía el punto y final
a nuestra historia más bella,
detrás del último adiós…
venía la firma de ella.

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