Virginidad perdida

Desnuda en la penumbra,
el lienzo de su cuerpo
del valle a la llanura
revela su misterio.

Instante clandestino
que da forma a la incógnita,
tentando con sigilo
la rosa que desflora.

Oscuro es el deseo,
su libido insondable,
recóndito el secreto,
su sexo indescifrable.

Afloran los estímulos
en ese cuarto oscuro,
temblando el sable frío
sobre el calor profundo.

Hermética es la cripta
de su placer más íntimo,
descífrese el enigma
al dividir el virgo.

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Amor prohibido

Contesta a mis preguntas por ventura,
da respuestas que calmen mi locura.

¿Con qué ardid me has robado el corazón?,
sabes, ¿cuándo perdimos la razón?,
dime, ¿cómo controlas tu emoción?,
cuenta, ¿dónde nos lleva esta pasión?

Y aunque sepa que amarte está prohibido,
y por quererte tanto estoy perdido,

no le demos aliento a la censura,
mantengamos intacta la ilusión,
que tus besos, me quitan el sentido.

Era perfecta

Era el sol en el crepúsculo,
grácil nimbo de una hoguera,
era una piedra preciosa,
una cascada de perlas.

Era un invierno nevado,
refulgente luna llena,
arrecife de corales,
era el brillo de una estrella.

En otoño, manto de hojas,
el arco iris tras tormenta,
era notas de un adagio,
el perfil de una pantera.

Era un campo de azahar,
era un ramo de azucenas,
era un cielo de verano
una verde primavera.

Era el mito de Afrodita,
de la Venus su silueta,
una escultura sin mácula,
era tacto de piel tersa.

En la selva era follaje,
catarata gigantesca,
en el mar era oleaje,
era el sumun de belleza.

Todo en ella era hermosura,
era baile, su cadencia,
era beso, era suspiro,
simplemente era perfecta.

La imagen de un espectro

He buscado en la fosa de tus ojos
intentando encontrar un sentimiento,
me sumergí en un bosque de pasiones
y anhelé percibir un triste afecto.

He perseguido el rastro de tu aroma
e inhalado el perfume de tu pelo,
suplicando tener un beso exiguo
me arrojé al fondo del abismo inmenso.

He bebido del néctar de tu boca,
surcado los meandros de tu cuerpo,
he explorado al milímetro tu piel
y escalado los cerros de tu pecho.

Me asomé a la oscura sima de tu alma,
hasta quise entrar en tu pensamiento,
y en la locura eterna por tenerte
penetré en ese infierno que es tu sexo.

No descubrí ni amor ni semejanza,
les inquirí a las hadas y a los elfos
por saber si en el fondo de tu espíritu
yacía un afán o interés sincero.

Al instante me hurtaron la esperanza,
no había atisbo de fervor postrero.
Fijé al punto en tu rostro mi mirada
y solo vi la imagen de un espectro.

Niña sureña

Miradas, risas y ron,
y de repente un ardid,
posó mi labio en tu labio
en respuesta a tu mohín.

Con unos besos robados,
así comenzó la lid,
robados y deseados,
es importante el matiz.

Apenas tú y yo quedamos,
la fiesta llega a su fin,
y con tu gracia andaluza
me pides salir de allí.

-Vente pa’mi casa, nene,
que ya sobramos aquí,
que has encendido mi hoguera
y me quiero divertir.

La mañana amaneció
con restos de tu carmín
pintando todo mi cuerpo
de escarlata y carmesí.

El primer rayo de sol
iluminaba Madrid,
llenando cada rincón
de luz ese mes de abril.

Primavera fue esa noche,
tu hogar, un bello jardín,
un oasis, un vergel,
tú, una dama, yo, gentil.

A través de la ventana
vi volar un colibrí,
comprendiendo en ese instante,
lo bello que era vivir.

-Ya me voy, niña sureña,
la luna me trajo a ti,
ahora el sol nos separa
y es momento de partir.

Quizás no te vuelva a ver,
a lo mejor fue un desliz,
pero no te quepa duda
que esta noche fui feliz.

Después de la tormenta…

Respiraba en la cama temblorosa,
trémulo el corazón, sin más consuelo
que mi torso desnudo,
que el edén de mi pecho.

La mañana al amor le daba tregua,
la pasión con el alba ve sosiego,
los suspiros espiran
y reposan los besos.

Los sofocos se funden con la calma,
en la noche quedó el último aliento,
los abrazos alivian,
y aflora el sentimiento.

Es la pausa, la paz y la armonía,
el descanso que imploran nuestros cuerpos,
es silencio y caricias,
es final de otro sueño.

Nirvana

Un conjuro es el fin de aquel tormento,

la pasión el principio al sentimiento,

 

esas lágrimas plenas de pureza,

las de aquellos que anhelan la belleza

de su amante, patrón de sutileza,

el feliz colofón de la tristeza.

 

Él, gozoso regresa, espera ufana

ella, cual luz solar a la mañana.

 

La brisa de un suspiro es el aliento,

que mantiene el amor con más firmeza,

acercándolo presto hasta el nirvana.