Amores trashumantes

Sicarios sin veleros,
piratas que en la vida van errantes,
navegan traicioneros,
por mares muy distantes
en busca de tesoros y diamantes.

Ladinos insinceros,
polizones de barcos ambulantes,
de verbos lisonjeros,
cortejan desafiantes
a las damas que esperan expectantes.

Nómadas marineros,
embaucan a sus musas muy galantes,
con ojos como aceros,
que tornan llameantes,
hilván de utopías apasionantes.

Los vientos agoreros,
claman por los fugaces navegantes,
dejando mil eneros
y novias sin amantes,
en los puertos de amores trashumantes.

Se secan los tinteros,
las lunas en la noche son menguantes,
y lloran los boleros
con letras titilantes,
llantos por desamor de esos farsantes.

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He perdido mi gotita de rocío…

He llorado con pena y desconsuelo,
perdido al despertar sobre tu cama,
mi llanto por no verte encima de ella,
gotita a gotita por la mañana.

De esas gotas que empapan las mejillas,
rocío que humedece las pestañas,
le surcan a la flor sobre sus pétalos,
dice la aurora al sol, en la alborada.

La campiña brilla resplandeciente,
flor de color entre el verde esperanza,
al reflejar al astro iridiscente,
cielo sereno, silente y en calma.

Del relente sombrío, quiero ahora
amanecer feliz entre tus sábanas,
que mis sueños se mezclen con tus hadas,
ha ardido de pasión tu cara lánguida.

Perdido en la noche viaja el amor,
todas las miradas están en llamas,
sus pupilas han quedado esparciendo
estrellas que son millones de lágrimas.

Pintor de nostalgias

Otoño sombrío,
cubil de tinieblas,
ajado y marchito,
plectro de poetas.

En el horizonte,
el cielo nublado
dibuja con ocres
el campo más lánguido.

Pintor de nostalgias,
de lágrimas grises,
de tierna añoranza,
de suspiros tristes.

Los ojos traslúcidos
por nubes y lluvias,
y el corazón mustio
calado de brumas.

Desnudas el árbol,
por vestir el suelo
con hojas y pámpanos,
y difuntos pétalos.

Portal del invierno,
paisaje de cuentos,
camino de vientos
de pena y lamentos.

Así es el otoño,
desmayo del tiempo,
jardín melancólico…
romántico verso.

La manada

De los últimos brillos de la luna,
deserta la noche desvencijada,
la mañana, homicida de pasiones,
la recibe confusa, abigarrada.

Entre humo denso de tonos metálicos,
en otra cruda e inclemente alborada,
el cuerpo sobrevive entumecido,
¿y el alma? el alma en una encrucijada.

En mi camino las ruinas del mundo,
ceniza, escoria, una triste mirada,
la de esa chica que vaga sin rumbo,
con la condena en sus ojos pintada.

Pintada con lágrimas negras zainas,
un feroz grito, en su boca callada,
y el vil dolor que refleja su cara,
espejo inquieto de una atormentada.

La decadente y voraz sociedad
ya la ha señalado, ¡es que iba embriagada!
Jauría mortal de frívolas hienas,
que husmea la sangre y clava la espada.

¿Los culpables? altivos, clandestinos,
se jactan de su mezquina escapada,
y a coro imploran mil voces rasgadas,
por justicia que pene a la manada.

Tres de octubre

El cielo plomizo,
la noche fatal,
de ese tres de octubre
de lluvia otoñal.

Se apagan sus ojos
del azul del mar,
los míos se anegan
con la oscuridad.

Se esfuma su vida,
¿la mía? un erial,
me quedan las lágrimas,
se acabó el soñar

Preguntas, lamentos
¿mi Dios dónde está?
¿por qué te la llevas?
atroz soledad.

Encubre su cuerpo,
un negro cendal,
mi dolor, en cambio,
nadie ocultará.

Esposo y tres hijos
en el funeral,
sin entender nada,
y hartos de llorar.

Llorar a esa imagen
de amor maternal,
grabada muy dentro
pa’la eternidad.

Tranquilidad

Ya partieron tus nubes de mi cielo,
mixtura de malicia y terciopelo,
a mi espalda quedó la tempestad,
y es hora de vivir en libertad.

El céfiro, caricia de tu pelo,
cambió su brisa cálida por hielo,
en mi cielo emergió la claridad,
terminando con tanta oscuridad.

Como tizne de carbón era el velo
que envolvía mi vida en ese duelo,
y tanto destruyó mi voluntad
que debí de romper por dignidad.

Hoy, por fin, quedé libre del desvelo
que me daba un amor con tanto celo,
y en mi vida actualmente es prioridad
el volver a sentir felicidad.

Ya dejé de arrastrarme por el suelo,
ya acabé con la pena y desconsuelo,
después de soportar la adversidad
al menos conservemos la amistad.

Como el fénix mis alas echo al vuelo,
en otros brazos hallaré consuelo,
en otros ojos la complicidad,
y lo que importa, más tranquilidad.

Deslumbrado

Hoy contemplé tu imagen cegadora,
nimbo de luz en tu cuerpo radiante,
claro fulgor de un neón delirante,
flama del sol cuando asoma la aurora.

El ardor de una efigie embaucadora,
el cálido contorno deslumbrante,
la aureola candente de un diamante,
luciérnaga febril que me enamora.

Vi el tórrido candil incandescente,
el halo que irradiabas cual centella,
la corona que llevas permanente.

El resplandor brillante de una estrella,
un quinqué que chispea fluorescente,
vislumbré entre todas, a la más bella.