Melancolía

La añoranza de tus besos,
recordar cada caricia,
aflicción por no sentirte
a mi lado cada día.

Con el canon Pachelbel
anegarse las pupilas,
y ser ondina en mis sueños
y musa en mis poesías.

La nostalgia de tu cuerpo,
evocar cada sonrisa,
el desconsuelo porque hoy
noto más tu lejanía.

Sentimiento de tristeza,
que quede el alma vacía,
soledad y muchas lágrimas,
dime si es melancolía.

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La esencia

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Cuando observo las olas del mar
bailar con sirenas,
encima de un jardín de corales
plagado de perlas,
me imagino brillando en la noche
millones de estrellas,
y al vaivén de las notas de un vals,
como un resplandor,
palpitar inquietas.

Cuando veo que asoman las flores
en la primavera,
o en el cielo los siete colores
tras una tormenta,
me imagino las nubes temblando
y al sol que las besa,
ocultarse en la tarde de mayo,
y en el horizonte,
dormirse con ellas.

Cuando atisbo llegar el invierno
con la densa niebla,
y al viento que brama sibilante
apagar las velas,
sospecho que entre la tenaz bruma
y la brisa fresca,
la nostalgia en caricias se esconde,
y del amor hace,
la memoria eterna.

Si no observo, ni atisbo, ni veo,
si solo poemas
son el recuerdo de mis miradas,
será que mis ojos,
retienen la esencia.

Un pestañeo

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Sus ojos se asomaron a los míos,
clavando su mirada en un instante;
mi cuerpo se llenó de escalofríos
al bajar los luceros del semblante;
y hasta mis ojos, tristes y sombríos,
ardieron como el fuego más brillante.
Me enamoré de un leve parpadeo,
de dos mariposas…, y su aleteo.

Mis musas, mi música…

clave

Fueron canciones, fueron sonidos,
ritmos bailados bajo la lluvia,
el vals que danzan tristes los cisnes
en la laguna.

Fue la milonga que quiebra el tango,
entre arrabales fue su figura,
el sensual trasluz de un gris boceto,
noche y pintura.

Fue un dulce adagio, lento y tranquilo,
hojas de otoño en la partitura,
el atardecer de la nostalgia,
fue la ternura.

Fue ese suspiro de un blues maldito,
en clave triste, notas difusas,
melancolía, la melodía
de la amargura.

Fue el movimiento de unas caderas,
el sabor dulce que me tortura,
la sexual salsa de piel de azúcar,
fue sabrosura.

Fue la bachata que huele a peligro,
luces y sombras de una aventura,
propuesta indecente en boca ardiente,
fue travesura.

Fue como cuerdas de una guitarra,
el clavelito en una bandurria,
el sutil tacto de unos acordes,
fue piel desnuda…

Fue un flamenquito de madrugada,
bella gitana bajo la luna,
el sentimiento, fruta prohibida,
fue la censura.

Fue eco del soul surgido del alma,
una princesa de lluvia púrpura,
coro de besos, ritmos sinfónicos,
fue tan profunda…

Esos sonidos, la risa, el llanto,
de esas que fueron y son mis musas,
sones alegres, dramas sonoros,
fueron mí música.

Sabor

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Sabor,
a la menta de tus besos,
a ginebra y mil excesos,
al dulzor de tu saliva,
tu piel aceituna, a oliva,
y a intenso sabor a mar…
cítrico, almeja y sal.

Tus ojos, aroma a ron,
que vierten lágrimas de licor,
calmantes de la áspera sed
en los bares de mi embriaguez.

Sabor,
tu cuerpo excelso, a vainilla,
a picante tu mirada
que quema como guindilla,
todo el sexo a mermelada,
y tu lengua, a piperina,
o a una ácida mandarina.

Tus pechos, las uvas de la ira,
flanes glaseados de mentira,
y queda un postre que se espesa,
con la nata sobre tu fresa.

Sabor,
tu cuello, a afrodisiaca canela,
los pezones, a tiernas cerezas,
tu boca, a carnosa ciruela,
y no verte…, regusto a tristeza.

Tus labios me saben miel,
tu olvido…, a amarga hiel.

Me gusta

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Me gusta el olor a tierra mojada,
el tímido temblor de un primer beso,
el sonido del viento en la arbolada
cerveza fría, muy curado el queso.

Me gusta que la iglesia huela a incienso,
me gusta Venecia al atardecer,
en la orilla, observar el mar inmenso,
me gusta, del otoño, ver llover.

Me gusta, de la pizza, el pepperoni,
la ensaladilla rusa, el chocolate,
me entusiasma el Adagio de Albinoni,
me gusta el aplauso tras un regate.

Me gusta que sonría una mirada,
fundirme con mi niño en un abrazo,
tumbarme en la yerba recién cortada,
me gusta que me digan: ¡qué padrazo!

En el invierno, las noches brumosas,
el verde esperanza, el blanco y morado,
Audrey Hepburn, la izquierda, las rosas,
la pena y nostalgia de un triste fado.

Me gusta que se cumpla un cuento de hadas,
Donosti, del boulevard a Zurriola,
como fluyen los ríos, las cascadas,
el pausado balanceo de una ola.

Me gusta correr, conversar, soñar,
la ironía, las risas, el sarcasmo,
leer, viajar, creer, besar, amar,
me gusta el gran placer de un buen orgasmo.

Me gusta El club de los poetas muertos,
contemplar el mundo desde una cima,
mirar con los ojos entreabiertos,
me apasiona de Bécquer cada rima.

El vermut, las charangas y la fiesta,
me gusta la parranda del verano,
las últimas canciones de la orquesta,
el calor de mi pueblo castellano.

Las pestañas grandes, los labios rojos,
el silencio de una ruina vetusta,
los verdes, azules, los negros ojos,
¡Y tú!, sí, tu eres la que más me gusta.

Azabache

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Era, el mar Caribe, su son, su sal,
su figura, un contorno de sirena,
toda ella era el pecado original,
piel azabache, su mirada obscena,
fuego del trópico, néctar sensual,
los labios, al besarme, mi condena,
su pelo era, pura noche sin luna,
¿lo mejor?, su olvido, mi gran fortuna.