Entre pizarras

En el cerro, sentado entre tomillos,
en la mina descanso la mirada,
en el filón cortante,
allí donde el paisaje se desgarra.

Y escucho los barrenos
que esculpen estruendosos la montaña,
dejando al descubierto
las rocas al cobijo de la falla.

Aparece entre el polvo la cantera,
la piedra cincelada,
sello de un pueblo, la morada donde
escondida, descansa la pizarra.

Y en el duro yacimiento minero
las vidas se confunden con la grava,
y otras más desdichadas,
bajo tierra reposan enterradas.

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Sol, muerte y vida

El sol hiere los iris de los ojos,
lacera las pupilas
inundando las cuencas
de legiones de lágrimas furtivas.

La esfera ígnea de encendido ardor
a las flores marchita
en los veranos tórridos
por la asfixia que daña la campiña.

Lastima la nieve alba del tejado
y ardiendo en las cornisas
derrite los carámbanos
pintando la pared con mil heridas.

Ese sol, que brilla resplandeciente,
ciega a las golondrinas
que vuelan sin sentido
buscando por el cielo una salida.

El astro que lumínico derrama
sus rayos en orgía
de luces y calores,
anunciando al albor un nuevo día.

Magno sol, que eres fuego y llamarada,
muerte y también la vida,
estrella abrasadora
alumbra el arduo caminar de espinas.

Soñando en tu cuerpo

No sé si estaré despierto
o si aún estoy soñando,
más bien será una ilusión
porque me arropa tu abrazo.

Y es que anoche vi una fonda
bajo la luz de tus párpados
y me dio el pase pernocta
un suspiro de tus labios.

En ese mismo momento
un aliento evaporado
de tu boca y de la mía
en el cielo se hizo un lazo.

Sí, tiene que ser un sueño
porque sigo delirando
con hospedarme en tu cuerpo,
con que tu piel sea mi hábito.

Sueño con que mi almohada
sean tus pechos tan blancos
y con dormir cada noche
sobre tu vientre alisado.

Que me cobijen tus piernas,
que mi asilo esté en tus brazos,
mi refugio en tus caderas,
y en tu cama, mi regalo.

Al abrigo de estos sueños
me guarecí en tu regazo,
sigue abrazándome fuerte
que seguiré aquí soñando.

Se busca

No sabía dónde anunciarlo,
si en los anuncios por palabras de un diario
o con unas octavillas por el barrio.

Me decidí por un letrero
que me cubre el corazón
bordeando sus molduras
con ribetes de ilusión,
que se erige en pregonero
anunciando mi locura,
que tenía esta inscripción…

Se busca:

“Una historia de pasión,
un camino de emociones
que transite la vereda
del amor.
que me deleite la vista,
que pernocte entre las sábanas de seda
de una gran funambulista
que no tema ni los riesgos ni el exceso.

Lo que busco es ese beso
que se oculta tras la luna,
el peligro y la aventura,
mil caricias, más ternura,
el ardor de una epopeya,
eso es, la busco a…ella.

Busco a esa que me acepte la propuesta
indecente y deshonesta
de una dulce travesura,
que me baile una bachata
y me roce sutilmente,
que me mire fijamente
con el celo de una gata.

Que me coma con los ojos,
se desnude sin rubor,
y huyendo de los miedos
se atiborre de valor
y del amor haga una fiesta…”

Si eres tú, “porfa”, contesta…

Derrotado

rezar28

El rostro macilento,
el rictus apagado,
con un inmenso océano de lágrimas
los ojos anegados.

El ánimo enfermizo,
el cuerpo está agotado,
la débil sensación del que en la vida
se siente derrotado.

Las sombras del espejo
reflejan un ser lánguido,
la imagen del eterno sufridor
que vaga hasta el desmayo.

Naufragan en la ciénaga
del esplendor los años,
desfallecen los ecos del espíritu
de un hombre muy cansado.

Tristeza, desconsuelo,
dolor en trago amargo,
y el corazón, cariátide de penas,
latiendo involuntario.

Nunca me he enamorado en Donosti…

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Me he dejado seducir
de noche frente a La Concha
respirando los perfumes
que evapora su Cantábrico.

Incluso me han cautivado
días de cielo nublado,
el perenne chirimiri
o la herrumbre de sus barcos.

También me tiene hechizado,
al despuntar sus mañanas,
la caricia del relente
corriendo sobre la playa.

El ambiente que respiro
transitando el Boulevard,
y sus luces y sus brillos,
y sus olores a mar.

Me hipnotizas Bella Easo
cuando observo Santa Clara
desde los montes de Igueldo
o desde el cielo de Urgull.

El Antiguo, las regatas,
el son de la tamborrada,
ir de pinchos, la Behovia,
las visitas a Hondarribi.

Desde el María Cristina
o desde el pie del Kursaal
ver cómo peinas los vientos,
cómo muere el Urumea.

De Zurriola hasta Ondarreta,
me robaste el corazón,
preciosa San Sebastián,
todo en ti me ha enamorado.

Nadie más, solo tu aroma,
solo el romper de tus olas,
el contorno de tu costa,
los paseos por La Concha…

Besos a la fuga

Huyeron entre miedos y mil noches,

distantes del valor y del alarde,

a lomos de los tímidos reproches,

medrosos de mi boca tan cobarde.

Son labios despojados de esos broches

que el sol sí dio al ocaso por la tarde.

Se dieron a la fuga cien mil besos,

marcharon para siempre por traviesos.