El último tren

He olvidado el dulce sabor de tus besos,
se me borran los aromas de tu piel,
no recuerdo la fragancia de tu cuerpo
y en mis labios, el regusto ahora es a hiel.

Y no quisiera, en mi mente, la memoria,
del mal recuerdo viciado de desdén,
ni sentir que lo nuestro pasó a la historia,
o pensar que nunca más te besaré.

Rememora lo que pasó en aquel bar,
pregúntate si no fui tu amante fiel,
y si esta etapa estás dispuesta a cerrar,
si no sientes que tu abandono hoy es cruel.

Tus silencios acrecientan mi vacío,
dime y no mientas, que te volveré a ver,
yo solo pretendo despertar contigo,
sentir tu cuerpo, amarte, una última vez.

Aunque demuestras que ya no eres la misma,
yo, siempre niña, te espero en el andén,
anhelando, ya lo sabes, que algún día,
quieras de nuevo, subir conmigo al tren.

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Pesadilla

Es un sueño recurrente
del que nunca salgo airoso,
que me despierta furioso
porque es del todo evidente
que, en mi vida, estás ausente.

Soñarte no es suficiente,
no es real, es engañoso,
tu cuerpo torna borroso
si te acometo impaciente,
de noche, aún inconsciente.

Con todo el cielo silente,
las estrellas en reposo,
mi corazón amoroso
se está volviendo demente,
por tu abandono creciente.

Al salir el sol naciente,
llega el trance doloroso,
y hasta del sol soy celoso
por encontrarme carente
de tu mirada sonriente.

Como si fuera un torrente,
las perlas del ojo acuoso,
emergen en lid lloroso,
y son manantial y fuente
de este dolor insistente.

Por la noche, nuevamente,
en la mente sigiloso,
el sueño se cuela ansioso,
y es la quimera doliente
que acomete a este durmiente.

Y lo que era sugerente,
el deseo más morboso,
el anhelo más hermoso,
se convierte en deprimente
porque no te tengo enfrente.

Sin ti

Sin llamarme, yo concurro,
si no escribes, yo te leo,
sin los ojos, yo te lloro,
sin dormirme, yo te sueño.

Sin hablarme, yo te escucho,
sin el tiempo, yo te espero,
sin quererme, yo te adoro,
sin tus labios, yo te beso.

Sin mis manos, te acaricio,
sin poemas, yo te verso,
sin cantarme, yo te bailo,
sin mirarte, yo te veo.

¿No lo sabes?, que lo sepas,
sin tenerte, yo te siento,
si no lo expreso o lo digo,
sin tu vida…, yo me muero.

Amanece

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Despierta el sol, y el campo en calma llora,
con lágrimas de rocío, en su aurora.

La hora temprana, silente y callada,
se desgarra al cantar en la alborada
un gallo, y queda la piel erizada,
si la brisa refresca en la mañana.

La última sombra entre brillos se mece,
y la negrura se oculta y perece.

De la noche la vil luz es traidora,
dejando solo una luna soñada,
y un nuevo día, en verano amanece.

Melancolía

tristeza y melancolia

La añoranza de tus besos,
recordar cada caricia,
aflicción por no sentirte
a mi lado cada día.

Con el canon Pachelbel
anegarse las pupilas,
y ser ondina en mis sueños
y musa en mis poesías.

La nostalgia de tu cuerpo,
evocar cada sonrisa,
el desconsuelo porque hoy
noto más tu lejanía.

Sentimiento de tristeza,
que quede el alma vacía,
soledad y muchas lágrimas,
dime si es melancolía.

La esencia

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Cuando observo las olas del mar
bailar con sirenas,
encima de un jardín de corales
plagado de perlas,
me imagino brillando en la noche
millones de estrellas,
y al vaivén de las notas de un vals,
como un resplandor,
palpitar inquietas.

Cuando veo que asoman las flores
en la primavera,
o en el cielo los siete colores
tras una tormenta,
me imagino las nubes temblando
y al sol que las besa,
ocultarse en la tarde de mayo,
y en el horizonte,
dormirse con ellas.

Cuando atisbo llegar el invierno
con la densa niebla,
y al viento que brama sibilante
apagar las velas,
sospecho que entre la tenaz bruma
y la brisa fresca,
la nostalgia en caricias se esconde,
y del amor hace,
la memoria eterna.

Si no observo, ni atisbo, ni veo,
si solo poemas
son el recuerdo de mis miradas,
será que mis ojos,
retienen la esencia.

Un pestañeo

Parpadear-es-bueno-para-los-ojos

Sus ojos se asomaron a los míos,
clavando su mirada en un instante;
mi cuerpo se llenó de escalofríos
al bajar los luceros del semblante;
y hasta mis ojos, tristes y sombríos,
ardieron como el fuego más brillante.
Me enamoré de un leve parpadeo,
de dos mariposas…, y su aleteo.